La depresión no es un estado de ánimo, es una realidad biológica. Mientras que el estigma social suele reducir esta condición a una cuestión de «voluntad», la ciencia revela un panorama mucho más complejo: un cerebro cuya comunicación química se ha visto interrumpida.

Así lo describe la doctora Brigitte Figueroa Caro, médico cirujano, especialista en medicina estética y ocupacional, quien advierte que esta patología, que afecta a más de 300 millones de personas según la Organización Mundial de la Salud (OMS), tiene un origen endógeno que va mucho más allá del entorno del paciente.
El cerebro bajo asedio químico
Según la doctora Figueroa, quien actualmente labora en el Ambulatorio
Adarigua (Tipo III) de Portuguesa, – enfocándose en la salud integral y el
bienestar neuroquímico de sus pacientes-, la depresión se manifiesta mediante una disminución crítica de tres neurotransmisores clave: dopamina, serotonina y noradrenalina.
«Cuando estas sustancias fallan, regiones como la amígdala y el hipocampo
se alteran. Por eso, aunque una persona lo tenga todo en su vida, su
cerebro procesa la realidad como si nada tuviera sentido. No es que no
quieran estar bien, es que su química cerebral no se los permite», nos
explica la especialista al exponer el tema “Bioquímica de la Depresión”.
Uno de los puntos más disruptivos que destaca es la neuroinflamación,
porque como detalla, la depresión, no se queda en la cabeza, es una
enfermedad multisistémica y la activación de células proinflamatorias afecta
el sistema endocrino (elevando el cortisol, la hormona del estrés), el sistema
cardiovascular e incluso el aparato digestivo, relacionándose con trastornos
como el colon irritable.
Neuroplasticidad: La esperanza en el estilo de vida
Sin embargo, para la doctora Figueroa, no todo son malas noticias e hizo
hincapié en el rol del BDNF (Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro), que
es una proteína esencial para la sensación de bienestar.
«La ciencia ha demostrado que el ejercicio, el baile y una alimentación rica
en Omega-3 pueden estimular este factor de manera tan efectiva como algunos fármacos. Nuestras decisiones diarias tienen el poder de fortalecer
la neuroplasticidad y ayudar a sanar la comunicación neuronal», enfatizó.
Finalmente, hizo un llamado a la acción social, pues ante la duda o el
sufrimiento silencioso, la recomendación es clara: buscar ayuda médica
especializada, particularmente de psiquiatría y psicoterapia.
«Aceptar que no estamos bien es de valientes. Si tienes a alguien cerca que
sufre, insiste. Una intervención a tiempo no solo mejora una vida, puede
salvarla», concluye la doctora Figueroa.



