Durante décadas, el cigarro de combustión ha sido señalado (con razón) como
uno de los mayores enemigos de la salud pública. Sin embargo, un estudio
publicado en JAMA Network Open, una de las revistas médicas más influyentes
del mundo, revela un dato aún más inquietante, pues “tener una forma física muy
baja puede ser hasta cinco veces más peligroso para la supervivencia que fumar”.
La investigación, realizada en la Cleveland Clinic y basada en 122.007 adultos
sometidos a pruebas de esfuerzo, concluyó que las personas con aptitud
cardiorrespiratoria baja tenían un riesgo de muerte 5,04 veces mayor que quienes
alcanzaban niveles “élite” de condición física.
Los autores describen la baja forma física como un “marcador de riesgo tan
potente o mayor que el tabaquismo”.
Un problema silencioso
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A diferencia del cigarro, cuya peligrosidad es ampliamente conocida, la falta de
condición física se ha normalizado como parte del estilo de vida moderno. El
sedentarismo, las largas jornadas sentados y la ausencia de actividad vigorosa
han convertido la baja aptitud física en una epidemia global.
Expertos en medicina del ejercicio, como los cardiólogos de la Cleveland Clinic,
advierten que no existe un nivel de forma física “demasiado alto”, y que mejorarla
es una de las intervenciones más potentes y accesibles para reducir la mortalidad.
Además, una revisión de 199 estudios y más de 20 millones de personas,
publicada en el British Journal of Sports Medicine, confirma que la aptitud
cardiorrespiratoria es uno de los predictores más consistentes de salud y
longevidad.
Alternativas y reducción de daño
El tabaco sigue siendo un factor de riesgo crítico, pero hoy existen alternativas que
reducen significativamente el daño para quienes no logran dejarlo de inmediato.
Entre ellas:
Terapias sustitutivas de nicotina (parches, chicles, sprays).
Medicamentos para dejar de fumar (vareniclina, bupropión).
Productos de nicotina de riesgo reducido, como los sistemas de
calentamiento de tabaco, bolsas de nicotina, los vapeadores regulados, que
(según organismos como Public Health England) generan niveles de tóxicos
muy inferiores al cigarrillo combustible.
Programas para dejar de fumar, supervisados por profesionales sanitarios.
Los expertos coinciden en que la mejor alternativa siempre es dejar de fumar, pero
también reconocen que, en términos de salud pública, reducir el daño es preferible
a no hacer nada.



