Sé que estoy luchando contra un monstruo invisible pero no me rindo

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  • Es una batalla fuerte sentir que el cuerpo va endureciendo como una piedra y con dolores intensos señala Mina Hernández

 

Elizabeth  Houllier

 

Cuando es necesario consumir unas 27 pastillas diarias para aliviar una dolencia, no queda duda  que se trata de un problema de salud de alto riesgo, de esas  que aparecen en la vida de una persona y le obligan a luchar con fuerza para no dejarse vencer por un “monstruo invisible”.

Este es el caso de la portugueseña @mina_hernan, nacida y residenciada en el sector Campo Lindo de Acarigua, adscrita al Jardín de Infancia Araure del Ministerio de Educación y desde hace 12 años libra una batalla contra la Esclerosis Sistémica  Progresiva acompañada  del fenómeno de Raynaud y Síndrome Sjogren, Esclerodermia, de la cual ella no había oído hablar nunca, pero que le ha afectado física, emocional y socialmente, también desde el punto de vista económico, por los altos costos del tratamiento.

A María Herminia Hernández se le prescribió este trastorno al cumplir 56 años de edad, a partir d entonces comenzó a sufrir más dolores intensos en las articulaciones, en los músculos y todo el cuerpo, cada día perdía peso. Le realizaron todo tipo de exámenes, aunque recuerda que a los 19 años ya le habían declarado una artritis reumatoide.” Sé que estoy luchando contra un monstruo invisible que se manifiesta de distintas maneras, no lo he logrado vencer, pero sigo luchando”, señala.

Confiesa que cuando recibió el diagnóstico sufrió un shock emocional, pues durante varios meses consultó  a distintos médicos hasta que el doctor Freddy Alexis Bonito dio con el dictamen preciso y es quien la ha ayudado a soportar este mal que le cambió la vida 100 por ciento. Siente que su cuerpo va endureciendo poco a poco como una piedra,  agarrar un lápiz y a veces hasta hablar ya es un  desafío para ella, dice que le duelen hasta las pestañas, con estrés e insomnio frecuente.

“Es  como si se rompiera algo dentro de mi cuerpo, como enfermedad invisible  aparentemente no se nota, también está comprometido mi esófago y el pulmón Al principio ingería 27 pastillas, de  5 de la mañana  a  las 12 de la noche me tocaba la última del día. Actualmente tomo 12, más el tratamiento de quimioterapia”, precisa.

Apoyo  espiritual y fortaleza

Afirma María Herminia que la ayuda de la familia, así como la solidaridad de los amigos leales ha sido muy importante, porque le han brindado apoyo espiritual en los momentos más difíciles que le ha tocado vivir.

“A veces pienso que me voy a rendir”, pero  que el doctor Bonito, aunque ya no está en Venezuela la alienta y  le recomienda el tratamiento a seguir, contacto que es posible a través de la tecnología y pido a Dios lo cuide y le de sabiduría para que siga ayudando a personas que como ella necesitan de sus conocimientos médicos”, comenta.

Agrega, “pero  los dos motores de mi vida y mi gran  mi gran fortaleza es el amor de mi mamá Nelly que a sus 90 años  me cuida y se preocupa como si fuera una niña y mi hija Carla, que es la luz  de mis ojos, por ellas saco fuerzas para seguir adelante, con el favor de Dios”.

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