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Rafael Segura: Una vida entregada al Servicio de la Salud

Bioanálisis trasciende la mera técnica; es una profesión profundamente humanista, ejercida por y para la humanidad, afirma

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Con la serenidad que otorgan ocho décadas de vida y la pasión intacta por su
profesión, el bioanalista Rafael Segura evoca su trayectoria vital y profesional,
marcada por la vocación de servicio, la defensa gremial y un profundo amor por
desentrañar los misterios de la salud humana. Nacido en 1942 en el crisol porteño
de Puerto Cabello, hijo de Rafael Segura y Tirsa Ibarra Meza, heredera de raíces
canarias, su destino se entrelazó tempranamente con el devenir de una familia
pionera en la radiodifusión venezolana.
El periplo familiar lo llevó de la costa carabobeña a la pujante Barquisimeto, donde
sus padres culminaron su ciclo vital, dejando en él una impronta de trabajo y
compromiso.

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De los seis hermanos Segura Ibarra, dos abrazaron la medicina, Arnaldo como
traumatólogo y Armando como anestesiólogo. Rafael, sin embargo, encontró su
llamado en el Bioanálisis, una disciplina que hasta el día de hoy ejerce con la
misma dedicación y asombro de sus inicios. Sus hijos, todos profesionales: Rafael
Guillermo, médico traumatólogo; Sandra María, licenciada en Fisioterapia; Tirsa
Leonor, bioanalista; Angie Guillermina, radióloga; Anabel Adriana, medicina
ocupacional y Adrián Jesús, ingeniero en Electromedicina.


Su llegada a la Universidad Central de Venezuela (UCV) en 1963 marcó un punto de inflexión. En medio de la incertidumbre sobre la validez de sus estudios frente a la licenciatura existente en la Universidad de los Andes, Segura emergió como un líder estudiantil, defendiendo con ahínco el derecho a la formación en Bioanálisis
en la máxima casa de estudios del país. Su lucha, respaldada decisivamente por el entonces rector Jesús María Bianco, rindió frutos con la aprobación del grado de licenciatura, una victoria que selló su compromiso con el gremio desde sus inicios.
Egresado con profunda satisfacción en 1966, Segura emprendió su camino
profesional en el Centro Médico de Cardón, en el estado Falcón. Sin embargo, su
espíritu inquieto y su vocación de servicio lo trajeron a Acarigua-Araure, donde no
solo ejerció su profesión con excelencia, sino que también se erigió como un líder
gremial incansable, despojado de cualquier ambición política.
En 1973, su visión y perseverancia cristalizaron en la fundación del Colegio de
Bioanalistas del estado Portuguesa. Desde esta tribuna, impulsó con cariño y
dedicación la formación especializada, consciente del rol crucial del bioanalista en
la defensa de la salud pública. A sus 82 años, Segura reflexiona con humildad
sobre su camino, reconociendo errores propios del ser humano, pero agradecido
por la oportunidad de servir y aprender en el proceso.

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¿Qué lo impulsó a estudiar Bioanálisis?
-Quise ser Bioanalista porque es una profesión que siempre busca como norte la verdad de lo que pasa en el medio interno de las personas;. Su voz se eleva al explicar la competencia esencial del bioanalista: desentrañar los misterios biológicos en muestras humanas, animales o vegetales, utilizando el conocimiento
científico y el amparo de la ley.
Para Segura, el Bioanálisis trasciende la mera técnica; es una profesión
profundamente humanista, ejercida por y para la humanidad. Aboga por
profesionales dignamente remunerados, capaces de servir al país con la
integridad que su labor exige. La educación continua, en todos los estratos, se
erige como un pilar fundamental para una sociedad sana y con capacidad de
desarrollo integral.
Con una visión clara del papel del Bioanalista, lo describe como un intérprete
esencial en el «concierto de la vida», un profesional que coopera en la búsqueda
de la verdad en la salud individual y colectiva. Subraya la importancia de esta
disciplina como herramienta tangible, científica y permanente para medir el
bienestar físico, mental y espiritual de la población.
Valores esenciales
La ética y la responsabilidad no son para Rafael Segura una moda pasajera, sino
una obligación moral ineludible para quienes sirven a la nación desde el
laboratorio. Destaca la trascendencia del Bioanálisis en la evaluación objetiva de
los parámetros que determinan la calidad de vida, un campo donde el aprendizaje
es constante y donde el derecho a la salud para todos, es la premisa fundamental.
«Bioanálisis, es una profesión para investigar el estado de salud integral, el
bienestar humano», afirma con la satisfacción de quien ha contribuido a
importantes logros en Portuguesa, uniendo voluntades en pro de la ciudadanía, y
considera que esta especialidad es una herramienta esencial para medir el
bienestar en todas sus dimensiones.
«Yo no creo en ideologías, yo creo en l obligación y en la responsabilidad para
con la sociedad humana», recalca Segura.
Para él, Bioanálisis es, en esencia, atender a los seres humanos. Toda una vida
dedicada a esta noble labor, una trayectoria marcada por la defensa gremial y un
profundo compromiso con la verdad científica, ese es el legado imborrable del
licenciado Segura, un nombre que resuena con fuerza en el ámbito de la salud en
Portuguesa y en la historia venezolana.
Un rayo de luz

En este Día del Bioanalista, nuestro primer sentimiento es de profunda gratitud
hacia Venezuela por brindarnos la valiosa oportunidad de ser útiles, de aportar
nuestro granito de arena a la salud de nuestra gente. El 25 de abril, una fecha
significativa que conmemora el natalicio de Rafael Rangel, insigne figura
considerada el padre de esta esencial disciplina en el país”, reafirma Segura.
En un contexto donde los recursos y el conocimiento especializado eran limitados,
Rafael Rangel emergió como un «rayo de luz». Rangel, sentó las bases para el
desarrollo del análisis biológico en la nación y demostró una notable iniciativa al
buscar respuestas y conocimientos en libros y publicaciones extranjeras,
dominando idiomas para acceder a la vanguardia de la ciencia de su tiempo. La
frase «Rafael Rangel el sabio descanso en Rafael paz»; resuena como un tributo a
su sabiduría y al impacto duradero de su obra.
Los actuales Bioanalistas son herederos del espíritu de Rangel, continuando su
labor con dedicación y compromiso. Siguiendo su ejemplo, pues quien ejerce la
profesión abraza la necesidad de una formación constante y la actualización de
conocimientos. «Nunca se deja de estudiar, y mucho menos en materia de salud,
este es un principio que guía su ejercicio diario”, adiciona Segura..
En consonancia con el espíritu de lucha y perseverancia de Rangel, los
Bioanalistas alzan su voz en la búsqueda del justo reconocimiento por su trabajo
fundamental. La demanda por un salario digno que permita el sustento familiar y la
proyección profesional, a largo plazo, se hace eco en esta conmemoración.

“Gracias por brindarnos la valiosa oportunidad de ser útiles, de aportar nuestro
granito de arena a la salud de nuestra gente. Y aquí seguimos, con el mismo
compromiso del primer día. Agradezco de corazón la coyuntura que se me ha
dado, y sé que este sentir lo compartimos todos mis colegas”, concluye Segura.

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