La estimulación ocular con gas mejora el diagnóstico del ojo seco

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El ojo seco es una enfermedad que aparece casi espontáneamente con la edad y tiene muchas posibles causas, pero para algunos expertos se produce cuando se daña el epitelio de la córnea y disminuye la producción de lágrimas, lo que acaba provocando una alteración en los nervios oculares.

Otros equipos apuntan a un mal funcionamiento de los nervios como un factor etiológico en la enfermedad de ojo seco. Una de las mayores complicaciones de la sequedad ocular es la falta de herramientas cuantitativas para su diagnóstico ya que hasta el momento se basaba en entrevistas a los pacientes.

Uno de estos grupos, el de Neurobiología ocular del Instituto de Neurociencias, centro mixto de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha realizado un estudio en el que encuentra evidencias en el laboratorio que señalan que el proceso también ocurre de forma inversa, es decir, los nervios del ojo se alteran y su funcionamiento anormal acaba provocando cambios en el tejido corneal y disminuyendo la tasa de lacrimación.

A partir de ese concepto, el trabajo, publicado en The Ocular Surface, plantea la estimulación ocular con un gas, en concreto dióxido de carbono (CO2), para determinar la capacidad máxima de lacrimación de los pacientes. Para esta investigación, se ha utilizado un nuevo dispositivo, denominado i-Onion.

Según explica Juana Gallar, catedrática de la UMH y experta en neurobiología ocular, el ojo seco «puede parecer una alteración banal, pero el hecho de que una persona genere poca lágrima disminuye de manera muy significativa su calidad de vida, porque el mínimo gesto de cerrar el párpado resulta tremendamente doloroso».

Protección del globo ocular 

Para suplir la carencia diagnóstica, el grupo puso en marcha el proyecto. «Nuestro grupo de investigación había descrito que los nervios oculares no solamente son responsables de iniciar las señales neurales que, tras procesarse por el sistema nervioso central, generan las sensaciones oculares. Esa misma información sensorial, una vez que llega al troncoencéfalo, se utiliza para regular varios mecanismos que ayudan a proteger el globo ocular, entre ellos, la producción basal y refleja de lágrimas», comenta Gallar.

La idea original fue diseñar «un instrumento que, modulando la actividad de los nervios corneales, aumentase la tasa de lagrimación y, a continuación, exploramos si con ese instrumento encontrábamos diferencias entre personas sanas y con enfermedad de ojo seco (EOS). Y así fue, encontramos claras diferencias entre personas sanas y con ojo seco establecido».

Un elemento clave ha sido la utilización de i-Onion, un nuevo dispositivo ideado por este grupo de investigación, en colaboración con la empresa Tearful.

Se trata de una herramienta totalmente portátil que permite realizar la estimulación controlada del ojo mediante CO2 sin necesidad de conectarlo a una fuente externa de gas ni a la corriente eléctrica. Además, no requiere de ninguna infraestructura específica, lo que permite su uso de forma ambulatoria en cualquier clínica.

«La idea inicial era aplicar en el centro de la córnea un breve chorro de gas (anhídrido carbónico). Cuando el CO2 se mezcla con el agua de la película lagrimal o del tejido ocular, genera protones y esa acidez es detectada por los nervios corneales, especialmente los nociceptores polimodales. El instrumento finalmente diseñado por Tearful, la empresa spin-off de la UMH, a partir de nuestras ideas es manejable y compacto», resalta Gallar.

Dispone de un reservorio de gas, una serie de válvulas para poder dirigirlo hacia la córnea desde una distancia estándar y un procesador para controlar cuándo se aplica el estímulo, alimentado por una batería recargable. «Basta con apoyar el ocular contra la órbita del paciente, pedirle que mantenga el ojo abierto y apretar un botón. Comparar el volumen de lágrima recogido (con tiras de Schirmer que se colorean de rojo al detectar la lágrima) durante 3 minutos después del estímulo con el recogido previamente, nos da el volumen de reserva lagrimal del sujeto», destaca.

Aumento medio de lagrimación 

Los investigadores han determinado que la tasa máxima de indicador efectivo para determinar el riesgo de padecer la enfelacrimación de los pacientes al estimular su ojo con CO2 puede ser un indicativo efectivo, para determinar el riesgo de padecer la enfermedad: «Durante la investigación detectamos que había personas capaces de generar una respuesta muy grande ante la estimulación, pero había otras que mostraron una respuesta más pequeña y es muy posible que estos sean los que, aunque ahora no lo demuestren, en un futuro acaben desarrollando ojo seco», comenta Gallar.

En concreto, «en las 46 personas sanas encontramos que el estímulo provocaba un aumento medio de la lagrimación de 4,5 mm. Sin embargo, entre la población inicialmente seleccionada como sana por ser asintomática, encontramos 12 personas en las que el aumento medio de lagrimación al aplicar CO2 apenas era de 2 mm, una cifra parecida a la que encontramos en las 40 personas que tenían un diagnóstico de ojo seco (síndrome de Sjögren)».

En otras palabras, enfatiza Gallar, «en las personas con ojo seco, sean o no sintomáticas, la lagrimación basal y la capacidad de producir lágrima reflejamente tras un estímulo adecuado (lo que hemos denominado la reserva lagrimal), tienen valores mucho más bajos que los de las personas sanas».

Según la investigadora, «el mayor valor clínico del instrumento no es que confirme el diagnóstico de las personas con EOS. Su mayor aportación diagnóstica es que permite identificar personas aparentemente sanas, sin ningún síntoma de ojo seco, pero que tienen un volumen de reserva lagrimal reducido y que, aunque ahora sean asintomáticas, serían candidatas a desarrollar la enfermedad».

«La idea inicial era aplicar en el centro de la córnea un breve chorro de gas (anhídrido carbónico). Cuando el CO2 se mezcla con el agua de la película lagrimal o del tejido ocular, genera protones y esa acidez es detectada por los nervios corneales, especialmente los nociceptores polimodales. El instrumento finalmente diseñado por Tearful, la empresa spin-off de la UMH, a partir de nuestras ideas es manejable y compacto», resalta Gallar.

Dispone de un reservorio de gas, una serie de válvulas para poder dirigirlo hacia la córnea desde una distancia estándar y un procesador para controlar cuándo se aplica el estímulo, alimentado por una batería recargable. «Basta con apoyar el ocular contra la órbita del paciente, pedirle que mantenga el ojo abierto y apretar un botón. Comparar el volumen de lágrima recogido (con tiras de Schirmer que se colorean de rojo al detectar la lágrima) durante 3 minutos después del estímulo con el recogido previamente, nos da el volumen de reserva lagrimal del sujeto», destaca.

Fuente Diario Médico

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