El verdadero impacto del azúcar en las células cancerosas

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Durante los ocho años que Stacey Shawhan ha trabajado como especialista en
nutrición oncológica, ha atendido muchas dudas de sus pacientes con cáncer
acerca de la manera en que su dieta puede influir en su pronóstico. Pero hay
un tema que ha surgido con más frecuencia: si consumir comidas y bebidas
con azúcar, en realidad alimenta las células cancerosas y puede empeorar la
enfermedad.

“Los pacientes con cáncer son muy vulnerables y a algunos de ellos les aterra
comer”, señaló Shawhan, quien trabaja en el Centro Oncológico de la
Universidad de Cincinnati. “Lo que ellos piensan es que si dejan de comer
azúcar pueden matar de hambre a sus células cancerosas”.

Aunque los especialistas señalan que las dietas altas en azúcares añadidos
pueden aumentar el riesgo de desarrollar cáncer a lo largo de la vida, eliminar
el azúcar en realidad no afecta los tumores ya existentes.

La narrativa de que “el azúcar es el alimento del cáncer” se remonta a la
década de 1920, cuando un fisiólogo alemán se dio cuenta de que
algunas células cancerosas consumían más glucosa que las células sanas.
Poco después de eso, aparecieron las dietas bajas en azúcar que afirmaban
curar el cáncer. Encuestas recientes en Estados Unidos y
Europa indican que más o menos una tercera parte de los pacientes
con cáncer evitan el azúcar de manera expresa.

Sin embargo, “todas las células, así como nuestro cerebro, requieren glucosa”,
comentó Philipp Scherer, quien investiga la diabetes en el Centro Médico del
Suroeste de la Universidad de Texas, en Dallas.
En otras palabras, la mejor manera de alimentarse cuando se tiene cáncer —o
se está tratando de reducir el riesgo de desarrollarlo— es mediante una dieta
balanceada y saludable.

El riesgo de desarrollar cáncer
Scherer afirma que el azúcar no es una sustancia cancerígena. No hay pruebas
que demuestren que consumir azúcar provoque cáncer por sí solo (como lo
haría el tabaquismo, por ejemplo). Además, Scherer añadió que “muchísimos
tipos de cáncer prefieren usar la grasa como su principal fuente de energía, así
que ni siquiera es tan cierta la idea de que el cáncer prefiera la glucosa”.
No obstante, una serie de evidencias, limitada pero creciente, ha vinculado el
consumo excesivo de azúcares añadidos (de los que se encuentran en las
galletas, los pasteles y los refrescos) con el cáncer. Por ejemplo, una
amplia revisión de estudios publicada en 2018 hizo referencia a varios de ellos

que vincularon los azúcares añadidos y el consumo de bebidas azucaradas con
un incremento en el riesgo de desarrollar cáncer.

Se ha demostrado que el consumo excesivo de azúcar desencadena
una inflamación crónica en algunas personas, cosa que puede dañar algunas
células que después pueden llegar a ser cancerosas, afirmó Shawhan.
También se ha demostrado que el consumo excesivo de azúcares añadidos
disminuye la inmunidad, lo cual puede permitir que las células cancerosas se
propaguen con mayor facilidad. Además, el consumo excesivo de azúcar
puede alterar tanto el metabolismo que puede dar lugar a obesidad y diabetes,
condiciones que se sabe aumentan las probabilidades de desarrollar cáncer.

El azúcar y los pacientes con cáncer
Shawhan comentó que, al parecer, cuando ya se ha recibido un diagnóstico de
cáncer, en la mayoría de los casos, eliminar el azúcar no desacelera ni detiene
el cáncer. “Para este momento, ya no es el consumo de azúcar lo que provoca
el crecimiento de las células cancerosas, sino el cáncer en sí”.

Según Scherer, el azúcar es esencial para casi todas las cosas vivientes. Y
cuando está presente de manera natural en alimentos como los productos
lácteos, las frutas y los vegetales, forma parte de una dieta saludable, explicó
Natalie Ledesma, especialista en nutrición oncológica en el Centro Oncológico
Integral de la Familia Helen Diller de la Universidad de California, en San
Francisco.

La mayor parte de los especialistas concuerdan en que no es necesario
privarse del azúcar de los alimentos naturales. Pero Ledesma puntualiza que el
consumo excesivo de azúcares añadidos se ha asociado con los peores
resultados – entre ellos las tasas más elevadas de mortalidad- en pacientes con
cierto tipo de tumores sólidos, como los del cáncer de mama, de colon y
de próstata. Ledesma mencionó que es posible que también otros tipos de
cáncer puedan ser afectados, pero no existen muchas investigaciones sobre
los tipos de cáncer menos comunes.

También es importante que los pacientes con cáncer gestionen su dieta sin
llegar a tenerle miedo a la comida, explicó Santosh Rao, especialista en
oncología integrativa en los Hospitales Universitarios de Salud Integral Connor,
en Cleveland. Como resultado de su enfermedad, hasta la mitad de ellos
sufre pérdida muscular y, en ocasiones, lo que recomiendan los médicos a los
pacientes durante las sesiones de tratamientos extenuantes (como el Ensure,
las bebidas con electrolitos e incluso las papas) pueden contener muchos
azúcares, destacó Shawhan.

Aunque todo mundo debe evitar las dietas altas en azúcares añadidos, los
pacientes con cáncer que padecen ciertas enfermedades metabólicas deben
estar especialmente atentos porque esas enfermedades pueden perjudicar su
pronóstico.

Rao señaló que “las pacientes que no tienen bien controlada la diabetes, por
ejemplo, tienden a manifestar un cáncer de mama más agresivo”.
Un  metaanálisis  también reveló que los pacientes obesos tenían mayores
probabilidades de fallecer de cáncer de colon, de mama y de útero.
Cómo comer más saludable sin dejar lo dulce.

La mejor manera de reducir el riesgo de desarrollar cáncer, y de comer cuando
se ha recibido un diagnóstico de cáncer, es seguir una dieta saludable que
contenga muchas frutas y verduras naturales. Algunos estudios demuestran
que las dietas mediterráneas cumplen con estos propósitos y ayudan a
disminuir el riesgo de desarrollar cáncer. Combinar los carbohidratos con
proteínas, fibras y grasas (una pequeña cantidad de mantequilla de maní sobre
una rebanada de manzana, por ejemplo) evita los picos de glucosa que, con el
tiempo, pueden provocar estragos en nuestro metabolismo y aumentar el
riesgo de desarrollar cáncer.

De acuerdo con Shawhan, por lo general está bien darse el gusto de comer un
poco de azúcar, incluso diariamente, siempre y cuando estemos consumiendo
los nutrientes esenciales del resto de la dieta; recomienda seguir las
sugerencias del Departamento de Agricultura de Estados Unidos de comer 12
cucharaditas de azúcar añadida al día o, mejor, seguir la recomendación de
la Organización Mundial de la Salud de seis cucharaditas.

Las investigaciones relacionadas con los sustitutos de azúcar y su influencia en
el cáncer y el riesgo de desarrollarlo no son concluyentes. Los expertos
recomiendan evitarlos hasta que sepamos más. Ledesma prefiere endulzar sus
recetas con alimentos naturales dulces como los plátanos, los frutos rojos
congelados y el puré de manzana, los cuales casi siempre forman parte de
sus helados sin productos lácteos.

“La canela y el jengibre nos brindan algo dulce sin azúcar ni calorías añadidas”,
destacó Ledesma.

Fuente: The New York Times

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